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Erróneas sumas ambientales sobre la minería. - Osiris de Leon

Erróneas sumas ambientales sobre la minería.

By Alvin Osiris d León Melendez - Sab Ago 11, 8:22 pm

En nuestras primeras lecciones de matemática elemental en la escuela primaria, aprendimos que 2+2=4, y que nunca debíamos decir que eran 5, ni mucho menos 3, ni nada distinto a 4, es decir, aprendimos a no sumar de más, ni a sumar de menos, porque siempre habrá alguien bien entendido en matemáticas que hará la corrección pertinente.

 Con frecuencia vemos en los medios de comunicación análisis y conclusiones relativos a temas ambientales y mineros, realizados por personas revestidas de la mayor buena fe, y poseedores de muy buena voluntad, pero sin los conocimientos ni las experiencias requeridas en temas geológicos-mineros-ambientales, lo cual les lleva a concluir que 2+2=7.

 La buena fe y la buena voluntad son indispensables en toda sociedad, pero sin el debido conocimiento científico hacen más mal que bien, pues sería igual a que a media noche su madre muestre síntomas de infarto y usted, con la mayor buena fe y la mejor intención de lograr salvarle la vida, se ponga usted mismo a manipularla sin saber nada de cardiología, y su madre muera por falta de una correcta y oportuna atención médica. No inventemos si no sabemos.

 De ahí que la buena fe y la buena voluntad requieren obligatoriamente estar acompañadas de un alto conocimiento científico del tema de referencia, y el conocimiento científico requiere obligatoriamente del acompañamiento de la buena fe y la buena voluntad, para que la sociedad pueda asumir nuestras opiniones como verdaderas cátedras científicas, llenas de objetividad.

 La geología, la geoquímica, la hidroquímica, la geofísica, la hidrogeología, la geotecnia, la mineralogía, la petrología, la estratigrafía y la minería, son disciplinas muy especializadas que están muy interconectadas entre sí, y deben ser tratadas por especialistas conocedores de las mismas, ya que opinar ligeramente respecto a ellas conduce a conclusiones erradas.

 Hemos visto con preocupación, como la ausencia de una adecuada fiscalización ambiental gubernamental ha llevado a sectores populares y ambientales a justificadas luchas ambientales que a veces caen en sanos excesos de celos, porque si el Ministerio de Ambiente no supervisa adecuadamente a quienes contaminan el ambiente, entonces la supervisión la asume la gente.

 Pero dentro de esos válidos celos ambientales se mezclan las realidades y las pasiones, las sumas y las restas, y como todos los participantes en una lucha ambiental tienen sus propios puntos de vista, y quieren que esos puntos de vista queden expresados en el informe final, el informe ambiental termina siendo un reporte de astrología rural, donde todas las piezas son útiles pero han sido mal colocadas en lugares totalmente inadecuados. Es como ponerse la corbata en los pies,  las medias en la cintura y la correa en el cuello.

 Es cierto que hay muy malos ejemplos en la minería dominicana y en la minería mundial, y es cierto que la minería es vista como una actividad insostenible porque ha permitido drenajes ácidos cargados de metales pesados, ha dejado zonas deforestadas, ha contaminado ríos y presas, ha emitido gases y polvos contaminantes del aire, etc., pero a cada actividad minera hay que hacerle su propio diagnóstico y asignarle sus propias culpas, partiendo siempre de que 2+2=4, nunca 7, y partiendo siempre de que hay que enseñar y obligar a hacer las cosas bien.

Desde el año 1987, cuando fuimos designados mediante Decreto Presidencial como Consejero Científico de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente, Comisión que era presidida por el propio Presidente Joaquín Balaguer, y donde se nos asignó el área de minería y aguas subterráneas, hemos hecho todos los esfuerzos a nuestro alcance por ayudar a proteger nuestro medio ambiente, propugnando siempre por un desarrollo sostenible donde las industrias, la agropecuaria, la minería, la hotelería y el urbanismo, puedan convivir en armonía con el medio ambiente, sin degradar la calidad de las aguas, sin eliminar los suelos fértiles, sin contaminar el aire y sin deteriorar la flora. Los proyectos no son malos de por sí, pero terminan siendo malos cuando son diseñados y ejecutados de espaldas al entorno ambiental, y cuando falta una correcta y permanente supervisión ambiental oficial que obligue a hacer las cosas bien.

 Siempre hemos dicho, y escrito, que los problemas ambientales históricos de la Falconbridge Dominicana han estado en la mala ubicación de su escorial cercano al río Yuna, en la mala ubicación al lado del río Yuna de un vertedero para las basuras de toda la provincia de Bonao, y su vieja incapacidad para blanquear los humos carbonosos de la chimenea de su planta de reducción; pero, de otro lado, Falcondo ha mantenido un amplio programa de reforestación de áreas minadas, y no minadas, mediante el uso intensivo de Casuarina equisetifolia y Acacia mangium, especies forestales que pueden ser cuestionadas por ser introducidas, pero son muy utilizadas por su rápido crecimiento y su capacidad para regenerar suelos minados.

Áreas reforestadas por Falcondo mediante el uso de Casuarina equisetifolia y Acacia mangium.

 Pero a Falcondo no se le debe acusar injustamente de contaminar acuíferos (aguas subterráneas), ni aguas superficiales, porque eso no es verdad, y en nuestros 25 años de duras críticas a la minería dominicana, no hemos visto el primer caso de contaminación de aguas superficiales ni subterráneas en Falcondo, y en febrero del año 2001 nos tocó acompañar a las autoridades de la entonces Secretaría de Medio Ambiente para muestrear todas las aguas del interior de la mina, y no encontramos ninguna contaminación. Y que conste que llegamos sin avisar para no dar tiempo a limpiar nada, ni arreglar nada. Fue una inspección de sorpresa.

Decir que una actividad minera va a contaminar una presa vecina porque en el suelo hay aluminio, hace mucho daño a la verdad científica ambiental, porque todos los suelos arcillosos son ricos en aluminio, ya que todas las arcillas, incluyendo los suelos de Moca, que producen las mejores yucas y los mejores plátanos de la región del Cibao, son ricos en aluminosilicatos, donde la alúmina (Al2O3), o trióxido de aluminio, es el elemento químico dominante.

 Decir que remover la cobertura de “laterita o roca madre, rica en hierro y otro metal pesado, como es el cromo; es un peligro de contaminación potencial sumamente peligroso para los cuerpos de agua de la zona y los cuerpos de agua receptores”, y que implica un grave peligro para la salud humana, es decir que 2+2=7, y hace más mal que bien a la lucha ambiental, porque nos presenta como desconocedores de la geoquímica de los suelos residuales tropicales de nuestro país, y como desconocedores de la interacción entre el organismo humano y los elementos minerales presentes en los suelos, en los alimentos, en las aguas y en la sangre, ya que el cuerpo humano requiere hasta 0.2 mg de cromo cada día, pues el cromo normal en sangre es de hasta 0.2mcg/ml, y el exceso usualmente se elimina en las heces y en la orina.

 Decir que “La “sal de cromo” que produciría la laterita de loma de Miranda, puede arruinar totalmente la calidad de las aguas que el bosque nublado y el flujo hipodérmico de las laderas de esta montaña le sirven al río Jagüey”, es otro grave error inadmisible en un reporte ambiental, y es resultante del desconocimiento de los procesos geoquímicos, porque la laterita es un producto natural fruto del intemperismo tropical, durante millones de años, aunque no haya minería, y el cromo mineral trivalente está presente de manera natural en los suelos residuales tropicales, y no debemos confundir el cromo mineral trivalente, natural en el suelo y casi insoluble en agua, con el cromo hexavalente producido por la industria química.

Suelos lateríticos secos expuestos en la loma de Miranda (0345813mE/2113626mN, WGS84).

 La mayoría de los suelos contienen cantidades importantes de cromo, pero los suelos ricos en serpentina, como los de Bonao y La Vega, contienen cantidades mayores de cromo trivalente, y si el cromo trivalente fuese nocivo para la salud, entonces todo el arroz cultivado en La Vega y en Bonao sería altamente tóxico, porque ha sido cultivado en los mismos suelos fruto del intemperismo de la peridotita serpentinizada, e irrigado con las mismas aguas que diariamente pasan sobre esas rocas y suelos enriquecidos con serpentina.

Los médicos nutricionistas dicen que el cromo trivalente es esencial en el metabolismo de las grasas, de los carbohidratos y de la insulina, dicen que es esencial para el funcionamiento cerebral, y que debemos consumir alimentos ricos en cromo como carnes, hígado, huevos, germen de trigo, manzanas, bananos y espinacas. Ese cromo viene del suelo, no del aire.

 Decir que “Este fenómeno de sequía y desertización que promueve la minería a cielo abierto, casi siempre pasa por alto o se desconoce totalmente por los mismos especialistas que aun siendo expertos en minería, entienden muy poco de la dinámica desecante de la minería”, y que “Cualquier ignorante podría decir que es un disparate decir que la minería drena al revés el manto freático, pero es así en la realidad porque la minería le saca el agua a los suelos; pues un suelo seco y expuesto a los vientos, siempre está perdiendo agua o exportando agua del subsuelo hacia el aire o hacia las nubes”, es un absurdo hidrogeológico, porque un suelo seco es un suelo sin agua, y decir que la minería drena al revés el manto freático es confundir un efecto de capilaridad, propio de la tensión en los poros superficiales de los suelos y las rocas tropicales, con el verdadero flujo subterráneo, que no se evapora, y es desconocer que en las rocas ígneas el flujo subterráneo es casi nulo por la ausencia de porosidad primaria efectiva.

Estación de aforo instalada en una de las cañadas de la loma de Miranda. Nótese el cauce seco.

 Sin defender la minería, podemos decir que cuando una roca permeable está cubierta de suelo fino impermeable, el agua escurre superficialmente hasta los arroyos y ríos, pero cuando el suelo es permeable (arena), o cuando la minería remueve la cobertura de suelo, el agua de lluvia se infiltra de inmediato, siempre que la roca sea permeable por tener porosidad primaria efectiva, o porosidad secundaria efectiva, y esa agua se almacena en el acuífero, o manto freático, y nunca se evapora. Por eso hay grandes volúmenes de aguas subterráneas bajo los desiertos, y las mayores reservas de aguas subterráneas de África están bajo el Sahara.

 Tampoco hay pruebas de que en Cotuí, en Bonao y en El Aceitillar de Pedernales ahora llueva menos que hace 40 años, porque esos efectos mineros son muy puntuales y no impactan el régimen de lluvias regionales.

Para criticar los grandes y verdaderos errores cometidos por la minería no hay que entrar en distorsiones de conceptos meteorológicos ni hidrogeológicos, y en honor a la verdad, la remoción de flora y suelos fértiles para el urbanismo, incluyendo La Vega, Bonao, San Francisco, Moca y Santiago, es miles de veces superior a la remoción de flora y suelos para la minería.

 Decir que loma Miranda “es una mina de agua donde el níquel es tan solo su subsuelo o riqueza mineral intemperizada y orgánicamente sepultada para filtrar el líquido de la vida”, es otra innecesaria exageración, pues luego de visitar toda la zona de explotación podemos certificar que las cañadas del área en proyecto están todas secas, no vimos ningún manantial activo, y no vimos drenajes directos hacia la presa de Rincón, lo cual era nuestra gran preocupación.

 Para objetar un proyecto minero no es necesario caer en exageraciones hidrológicas, ni en distorsiones conceptuales, pues siempre hay que predicar con la verdad científica; y tenía mucho más peso ambiental decir y escribir que la loma de Miranda es una zona geotécnicamente frágil, con una flora exclusiva que debe preservarse para fines científicos.

 Decir que “lo más inquietante es que se pueda poner bajo riesgo la producción agroalimentaria del principal granero agrícola de la República Dominicana, ya que con las aguas de la presa de Rincón se irrigan unas 122,000 tareas cultivadas de arroz  permanentemente”, es caer en otra gran exageración, porque la verdad es que los ríos que alimentan a la presa de Rincón, son el Jima, el Jatubey y el Jayaco, y quedan muy al Sur y al Este de la zona de explotación minera.

Mapa de ubicación de la zona de explotación en la loma de Miranda, y la presa de Rincón.

 No es cierto que los arrozales de Jima se irrigan con las aguas de la loma de Miranda, sino con las aguas de la presa de Rincón, y esas aguas no salen de la loma de Miranda, pues el único río cercano a la loma de Miranda es el río Jagüey, el cual corre al noroeste de la posible zona de explotación, pero fuera de la zona a explotar, y drena hacia El Algarrobo, a unos 7 kilómetros al noroeste del muro de la presa de Rincón, y en el río Jagüey no hay agua suficiente para irrigar una parcela de arroz de 5 tareas de superficie.

Al pueblo dominicano le consta que hemos sido críticos permanentes de las actividades mineras que dañan el ambiente y de las decisiones mineras que engañan al pueblo dominicano, y nunca defenderemos la depredación ambiental, indistintamente de quien la produzca, pero también hemos predicado el evangelio de que lo malo no son las actividades mineras de por sí, sino las incorrectas operaciones, y que nuestro deber ha de orientarse a “Enseñar a los Gobiernos y a las Empresas a hacer las cosas de manera correcta y a respetar la Ley Ambiental 64-00”.

 Siempre hemos demostrado, ante la prensa y ante los tribunales de la República, que nuestras prédicas y nuestras luchas ambientales se sustentan en la investigación, en el análisis y en la razón, pero nunca en la pasión, y en cada caso, los estudios independientes realizados por el Gobierno, por organismos internacionales y por las empresas privadas promotoras de los proyectos objetados, han llegado exactamente a las mismas conclusiones nuestras, porque se trata de predicar la verdad científica, sin añadirle defectos y sin restarle virtudes. 2+2=4.

 Para tomar una decisión objetiva respecto a la explotación minera de la loma de Miranda, el Ministerio de Medio Ambiente deberá estudiar minuciosamente la Evaluación de Impacto Ambiental que le ha sido presentada, y de ser necesario, deberá buscar la opinión de expertos independientes que estudien detalladamente la hidrología superficial y la hidrogeología subterránea de las rocas ígneas y suelos residuales del área de posible explotación, colocando trazadores isotópicos para identificar los sentidos de los flujos subterráneos, y en esta actividad puede ayudar la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena, la cual hizo un trabajo similar en la zona de Los Haitises, a raíz del conflicto creado por la autorización para la instalación de una cementera, y donde la OIEA concluyó que en Los Haitises no se debía instalar ninguna industria minera-cementera, ni de ninguna otra clase.

 El Ministerio de Medio Ambiente también deberá estudiar detalladamente el potencial riesgo de deslizamientos de los taludes mineros bajo condiciones meteorológicas extremas, ya que la experiencia de la construcción de la autopista Duarte, a partir de 1996, evidenció la fragilidad bajo altas presiones de poros de los taludes mal diseñados y mal cortados en la loma de Miranda, diseños donde fueron asumidos valores de cohesión y ángulos de fricción interna superiores a los valores reales bajo condiciones de saturación por intensas lluvias.

 De igual modo, el Ministerio de Medio Ambiente deberá identificar las especies de flora que por sus condiciones especiales ameriten ser preservadas, y no ser tocadas por la actividad minera.

 Este conflicto entre la empresa minera Falconbridge Dominicana y una parte de la sociedad preocupada por su hábitat, deberá servir de experiencia, tanto para Falcondo, como para las demás empresas que explotan minerales en la Rep. Dominicana, y para el propio Ministerio de Medio Ambiente, para que entendamos, de una vez y por todas, que las cosas debemos hacerlas bien desde los diseños hasta la ejecución y el post cierre, y que nunca debemos estar de espaldas a la protección del medio ambiente, porque si el Ministerio de Ambiente no está pendiente, y no supervisa adecuadamente, el papel de supervisor lo va a asumir la gente.

 El autor es Ingeniero Geólogo y de Minas, fue Consejero Científico de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente en el período 1987-1997, fue Coordinador de la Comisión de Ciencias Naturales y Medio Ambiente de la Academia de Ciencias en el período 2005-2011, ha sido miembro del Consejo de Directores de la Academia de Ciencias de la Rep. Dominicana desde 1998 hasta el presente 2012, y es el punto focal nacional del Programa Internacional de Aguas de la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS).   

 

Por R. Osiris de León.

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