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Los dos sismos de Irán - Osiris de Leon

Los dos sismos de Irán

By Alvin Osiris d León Melendez - Lun Ago 13, 1:02 pm

El pasado sábado 11 de agosto de 2012, a las 3:53pm hora local del Oeste de Irán, 8:23am hora dominicana, dos sacudidas sísmicas de magnitudes 6.4 y 6.3 estremecieron el Noroeste de Irán con una separación de apenas 11 minutos, los que tuvieron sus hipocentros a tan solo 10 kilómetros de profundidad, convirtiéndose en sismos casi superficiales.

No obstante ser dos sismos consecutivos de mediana magnitud, el balance preliminar es de 300 muertos, 2,500 heridos, miles de personas sin hogar, 6 pueblos rurales totalmente destruidos y 60 pueblos rurales destruidos en un 60-80%, donde muchos de los heridos están en estado grave y podrían morir.

De manera casi increíble el balance de muertos en Irán es casi similar al de los muertos de Chile durante el sismo de magnitud 8.8 ocurrido el 27 de febrero de 2010, el cual incluyó un maremoto, no obstante que el sismo de Chile produjo una sacudida sísmica que es 250 veces superior a la de Irán, y una liberación de energía que es 4,000 veces superior.

Al observar las imágenes de las viviendas afectadas en Irán y en Chile vemos que la mayor parte de las construcciones chilenas muestran muy buena calidad y están levantadas mayormente sobre roca andesítica de muy buena respuesta sísmica, mientras la mayoría de las viviendas destruidas por los sismos de Irán estaban construidas con ladrillos de barro y levantadas sobre suelos de mala respuesta sísmica.

Un sismo de magnitud 6.4 no debía destruir ninguna vivienda, salvo que esté muy mal construida sobre un suelo flexible de mala respuesta sísmica, como ocurrió en Puerto Plata el 22 de septiembre de 2003, cuando un sismo de apenas 6.5 destruyó escuelas, bancos, centros comerciales, hoteles y viviendas de Puerto Plata, y dañó severamente casas, escuelas y hospitales de Santiago de los Caballeros.

Pero estas realidades de Irán y de Puerto Plata nos confirman que los seres humanos construimos lo que sea, donde sea y como sea, sin importar los riesgos sísmicos inherentes a las franjas de contacto entre las placas tectónicas, y bajo el absurdo ingenieril de no diferenciar entre la buena respuesta sísmica de las rocas rígidas de la zona Sur de Santo Domingo y la mala respuesta sísmica de los suelos flexibles del valle del Cibao.

Muchos ingenieros estructuralistas se niegan a aceptar que en las rocas rígidas las ondas sísmicas de corte viajan muy rápidamente, sin oportunidad para amplificarse, y por eso no hacen daño a las estructuras, mientras en los suelos flexibles las ondas sísmicas de corte viajan muy lentamente, se amplifican y producen mayor aceleración espectral del suelo, sometiendo a las estructuras de mala calidad a esfuerzos y deformaciones mayores a los que pueden soportar y entonces colapsan brutalmente y matan a sus ocupantes.

Para cualquier geólogo entendido en sismicidad es increíble que dos sismos con magnitudes de apenas 6.4 y 6.3 hayan producido tantos daños y tantas muertes en Irán, pero desafortunadamente un sismo de mediana magnitud, que golpea una vivienda de mala calidad, construida sobre un suelo de mala calidad, produce estas lamentables tragedias que conmueven al mundo, aunque pocos aprendemos de estas malas experiencias sísmicas.

Esa fue la misma razón por la cual un anterior sismo ocurrido en la ciudad de Bam, Irán, el 26 de diciembre del 2003, con magnitud de apenas 6.2, mató unas 41 mil personas, dejó unos 70 mil heridos y destruyó miles de viviendas; y otro sismo de magnitud 7.7, ocurrido en fecha 21 de junio de 1990, mató 35 mil personas, y dejó 10 mil heridos y 500 mil sin hogar.

Y por esa misma razón, el sismo con magnitud de 7.0, registrado el 12 de enero de 2010, a 15 km. al Suroeste de la vecina ciudad de Puerto Príncipe, con hipocentro a 10 km. de profundidad, produjo 316 mil muertes, 350 mil heridos, y dejó un millón y medio de personas sin hogar, convirtiéndose en la peor tragedia sísmica mundial de los últimos 50 años.

Esa tragedia sísmica de Haití fue fruto de que la ciudad creció con muchas construcciones de mala calidad, levantadas sobre suelos arcillosos de mala calidad, porque ninguna edificación levantada sobre las rocas calizas de la franja montañosa localizada al sur de la ciudad sufrió ningún daño, ni siquiera las pésimas viviendas situadas al lado del epicentro del sismo.

La Rep. Dominicana y Haití comparten una isla que está posicionada en el borde de contacto entre la gran placa tectónica de Norteamérica y la pequeña placa tectónica del Caribe, en un muy peligroso frente de subducción que nos levanta, lo que nos expone a sismos de gran magnitud como el ocurrido el 4 de agosto de 1946, de magnitud 8.1, acompañado de un gran maremoto que destruyó a matanzas, y cuando se repita un evento sísmico similar al de 1946 nos encontrará totalmente inadvertidos y totalmente desprotegidos, como Irán y como Haití, y seremos noticia mundial, como ayer lo fue Haití, y como hoy lo es Irán.

Vivimos en un país donde casi a nadie le preocupa la sismicidad, ni las malas respuestas sísmicas de los suelos arcillosos de los valles, ni la mala calidad de las construcciones, ni los muertos y heridos que pueda dejar el sismo como saldo final, ni las grandes pérdidas materiales, y cuando hablamos de estos temas, en la radio y en la TV, muchos indolentes dicen que somos alarmistas que vivimos sembrando el pánico en la población.

Señor Dios, perdona a tantos indolentes e indiferentes que no saben lo que es un terremoto, ni conocen las fuerzas que libera un terremoto, ni han vivido un gran terremoto, porque esos indolentes e indiferentes serán los primeros que el día del terremoto se pondrán de rodillas para pedir compasión y salvación, y ese día se acordarán que el libro del Apocalipsis dice que “habrá un gran terremoto que destruirá el 10% de la ciudad”.

Oremos por los muertos de Irán y por la pronta recuperación de los heridos, y pidamos buen juicio para los indolentes e indiferentes que se burlan de la sismicidad.

Por: R. Osiris de León

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