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Puentes que fallan - Osiris de Leon

Puentes que fallan

By Alvin Osiris d León Melendez - Lun Ago 27, 2:36 pm

Desde el paso del huracán David hasta la fecha, alrededor de 200 puentes dominicanos han fallado en sus aproches, en sus pilas de apoyo o en sus tableros, fruto de las crecidas extraordinarias de los caudales de nuestros ríos en los momentos en que somos afectados por vaguadas, depresiones, tormentas o huracanes.

Durante los efectos del huracán David y la inmediata tormenta Frederick, en agosto y septiembre de 1979, alrededor de 50 puentes fallaron por erosión de sus aproches, por socavación de sus fundaciones y por arrastres del tablero, incluyendo varios puentes de la carretera Duarte; pero durante el paso del huracán Georges, en septiembre de 1998, fueron 55 los puentes afectados por iguales razones, mayormente en los ríos Yaque del Sur y San Juan, de la región Suroeste.

Con el paso de la tormenta Jean, en septiembre de 2004, el bajo tablero del puente sobre el río Chavón, en La Romana, fue arrastrado por las crecidas del río, incomunicando a Higüey; y durante el paso de las tormentas Noel y Olga, a finales del año 2007, fueron muchos los puentes dañados en Azua, Baní, San José de Ocoa, Piedra Blanca, Bonao, Maimón, Cotuí y Nagua.

Cada vez que las lluvias afectan cualquier región Dominicana, lo primero que se interrumpe es la comunicación terrestre, ya que los puentes fallan en sus aproches porque a los constructores les resulta más fácil y más barato construir aproches como simples rellenos de gravas, arenas y arcillas, y de esa forma conectan el puente con el resto de la vía, en lugar de construir una escollera de grandes y pesados bloques de rocas, de al menos 2 metros cúbicos por bloque.

Estas fallas, mayormente en los aproches de nuestros puentes, se producen por la ausencia de estudios que indiquen cual podría ser la precipitación máxima probable (PMP) que habría de producirse en un momento en que seamos afectados por un evento meteorológico extremo (EME), y cual podría ser la crecida máxima probable (CMP) que habría de producirse en el río donde se ha de diseñar y construir el puente.

En dichas fallas hay responsabilidad de quienes diseñan, de quienes construyen y de quienes supervisan, y todo fruto de que en la Rep. Dominicana se construyen las obras de ingeniería sin los estudios mínimos requeridos, por no decir, sin los estudios óptimos, porque los ingenieros siempre entienden que los estudios son papeles que ocasionan gastos innecesarios y que por lo único que se debe pagar es por las vigas, por el hormigón, por las losas y los demás materiales.

A los constructores de puentes no les interesa hacer estudios hidrológicos para saber cuál es el máximo caudal (Q), en metros cúbicos por segundo, que ese río puede transitar en un evento meteorológico extremo, ni le interesa saber cuál es la granulometría del material del cauce del río, para saber entonces cuál podría ser el espesor de socavación puntual bajo una pila de apoyo del puente, y la socavación total en el lecho del río bajo los efectos de la crecida máxima probable, y entonces hincar pilotes muy por debajo de la cota inferior de socavación extrema para garantizar el correcto funcionamiento del puente, aún en las peores circunstancias meteorológicas.

Ni siquiera hacen lo que hacían los ingenieros de la antigüedad, en el sentido de visitar la zona y hablar con los ancianos para preguntarles hasta dónde había subido el río en alguna época lluviosa del pasado, para colocar el tablero del puente muy por encima del máximo nivel del río.

Tampoco se interesan en realizar correctos estudios geofísicos y geotécnicos, pues para ellos basta con hacer uno o dos sondeos mecánicos baratos, o alguna calicata manual, para asumir erróneas conclusiones respecto a la estratigrafía subsuperficial, la capacidad de carga y el tipo y tamaño de las fundaciones del puente. Por eso muchos puentes fallan con una hora de lluvias.

Y el mayor responsable de esta negligencia es el Ministerio de Obras Públicas, institución que no supervisa adecuadamente sus obras, y tampoco le interesa supervisar, pues mientras más rápido se daña el puente, más rápido hay que contratar su reconstrucción y más rápido se consigue una comisión de parte del contratista de la reparación, porque ya en este país nadie quiere asignar una obra pública, ni una reparación, sin no le garantizan al menos el 30% del valor de la obra.

Vaya usted a ver el puente de Sabana Larga, en San José de Ocoa, y pregunte cuándo fue construido?, quién lo construyó?, cuánto costó? y cuántas veces ha fallado en su corta vida?

Otro gran responsable de estas costosas negligencias es la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), la cual desde hace muchos años abandonó su rol de supervisor de las obras que construye el Estado, para dedicarse a competir con el Ministerio de Obras Públicas en todo lo que implique hacer ingeniería civil y gastar mucho dinero. Todos construyen y nadie supervisa, porque “quien construye gana más”.

Si el Presidente de la República, Danilo Medina, quiere corregir lo que está mal, que comience corrigiendo la mala calidad de las obras públicas, principalmente los puentes mal hechos que fallan por la erosión producida por las crecidas de los ríos en períodos de intensas lluvias, y como ya él visitó el aproche erosionado del puente de Los Pilones, sobre el río Oca, en la carretera Baní-Azua, ya sabe de lo que estamos hablando.

Por: R. Osiris de León.

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